instalaciones

 Desde sus inicios, las instalaciones han cuestionado los límites de la obra de arte, están ligadas a la reflexión sobre el museo, el mercado y los espacios expositivos y vinculan la creación a un lugar específico, otorgando valor a ese espacio y constituyéndose en él. Pueden ser permanentes o efímeras, entrañan la participación del espectador mediante diversos procedimientos, propician experiencias en relación con el espacio, la percepción y los significados y pueden estar constituidas por objetos de cualquier materia y forma, pudiendo ser incluso inmateriales o mixtas.




Ilya Kabakov distinguió tres tipos de instalaciones: las pequeñas (tipo repisas), las adosadas a la pared cubriendo parte del suelo, y las totales, que utilizan el espacio de manera completa. Las salas de entrada o espacios previos dan significación a estas obras: si se encuentran en medio del museo, se producirá un contraste absoluto, quizá, entre un espacio puede que lujoso y una instalación pobre; estos choques estéticos son deliberadamente buscados por el artista.
El arte povera, uno de los movimientos que ha hecho de la instalación su gran medio de expresión, se nutrió de materiales naturales, pobres y apenas manipulados, como tierra, maderas, metales, trapos. Interesados por la transformación de los materiales, sus miembros llegaron a emplear un sistema de refrigeración para crear escarcha.
El arte pobre (del italianoarte povera) es un movimiento artístico surgido en Italia en la segunda mitad de la década de 1960, al cual se adhirieron autores del ámbito predominantemente turinés. Fue llamado así por Germano Celant, debido a que se utilizan para su creación materiales humildes y pobres, generalmente no industriales (plantas, sacos de lona, grasas, cuerdas, tierra, troncos). Estos materiales se valoran principalmente en sus cambios, ya que a medida que se van deteriorando, transforman la obra.
La Venus de los trapos (1967) de Pistoletto alude al glorioso pasado clásico, que se confronta con un presente povera. Se trata de una copia de la Venus de Milo en yeso pintada de dorado que se convierte en un objeto de prestigio reconocible rodeada de un montón informe de trapos. Se contrapone el valor supremo del arte clásico con los desechos, la producción y el consumo de la vida diaria moderna. Una misma obra de arte reúne aquí lo perecedero y lo imperecedero y concede valor a lo eliminado de la sociedad.
algunos ejemplos




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